De vez en cuando, así sin querer, te encuentras sin buscarte y dicho sea de paso, sin esperarlo. Puede que sean los ojos de una persona al subir en el metro, la letra de una canción al cambiar de emisora o la sucesión de letras que alguien ha juntado para formar una frase, frase en la que, de golpe y en caliente, te encuentras representado cual fotografía de tú yo interior.
A mi me pasó antes de ayer, salí a las *fiestas de Gracia para ir a ver el concierto de uno de mis antiguos compañeros de la EGB, conciertazo para ser fiel a la realidad. La noche se alargó lo que nos dejaron alargarla. No fue la mejor noche de mi vida, no conocí a nadie especial, no compartí algo que valga la pena recordar durante mucho tiempo y además no pude dejar sentir un pinchazo de envidia viendo a dos amigos liados, envidia no por él estando con ella sino porque realmente sigo sin conocer a nadie con quien me apetezca estar así.
Nos tocaba volver a casa en transporte público, momento remember de mis 19 añitos, algo que hace tiempo que no practico acostumbrado a la comodidad e independencia que me da mi Seat León. Salvados los dolores de cabeza que da desplazarse por Barcelona en transporte público en Agosto, las lineas de tren por el centro andan cortadas así como la linea de metro que me acerca a Badalona, me bajé en la estación de tren a eso de las 6:20 a.m. Tocaba caminar por las calles de siempre y hacerlo con mi paso rápido habitual con el simple objetivo de llegar a casa lo antes posible... pero no se por que ver saltar a aquellos chavales la valla que da a la playa me hizo cambiar de opinión... iría por el paseo de la playa, aunque más lento me permitiría disfrutar del ruido de las olas.
En ese trayecto me di cuenta de como nos perdemos buscando cosas insignificantes, como la preocupación y el ritmo frenético de nuestras vidas nos impiden disfrutar de las cosas que nos rodean. La soledad de la playa, los primeros rayos de luz solar apareciendo por el horizonte, el sonido de las gaviotas al pasar sobre mi cabeza, la sensación de las olas contra mis piernas... me sentí genial, me descubrí sin poder dejar de sonreir y bastante mejor de lo que me había sentido desde hacía tiempo. Ayer me enamoré de un momento del día, me enamoré de la sensación de volver a casa caminando con la arena bajo mis pies... ahora ando pensando en salir mas amenudo en transporte público sólo por tener una excusa para repetir la experiencia.
Quizás debería replantearme mis preocupaciones y lo que me apetece hacer, quizás debería aprender a disfrutar de lo que me rodea... Quizás, y solo quizás, mañana el despertador suene a las 6.00 a.m para poder volver a encontrarme a solas conmigo mismo.
*Gracia es uno de los barrios más carismáticos de Barcelona y sus fiestas tienen un encanto especial.
Foto: La fecha y la hora no engañan. En ese precisamente eramos dos los que disfrutabamos de ese momento... No eramos ni mas ni menos que yo junto conmigo mismo ;D
Edito en honor a Fante para añadir que: Este relato, post, es totalmente verídico, cualquier parecido con la ficción es mera coincidencia.
