No le vayas a decir que le echas de menos...

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Dos amigas sentadas en una cafetería a 3 metros de mi mientras desayuno. La amiga 2: Morena, pelo rizado, 1,80m, delgada guapa, pijilla de unos 20 y pocos. La amiga 1 es rubia, bajita, con algo de sobre peso y de unos 30 y pico largos.

Se acaban de sentar y comienzan una conversación que no puedo evitar escuchar...


Amiga 1: ¡Cuenta! ¿Cómo fue?
Amiga 2: Pués me dijo que ...blablablabla ... y se fué porque perdía el avión. - Con acento pijo y bastante ilusión
 Amiga 1: Esta noche, o mañana por la noche mejor, mándale un mensaje. Pregúntale que tal está. Que sepa que estás ahí y poco más, espera a ver que hace.
Amiga 2: Vale, mañana por la noche le mando un mensaje.
Amiga 1: ¡Pero no le vayas a decir que lo echas de menos! ¡Eh! ¡Ni se te ocurra!
Amiga 2: Obvio!!! No por Dios

 ....

 ¿De verdad tenemos que planear el conocer a alguien? ¿Tenemos que fingir y hacer cosas que no son las que nos apetecen? ¿Tenemos que jugar al gato y al ratón ocultando los defectos y enseñando pocas virtudes? ¿No se puede jugar a la seducción siendo sincero? ¿No puedo decirte que te echo de menos cuando me apetece? Si me conquistaste con la primera sonrisa y yo hice lo propio con el primer hola... ¿Porque hemos de esperar a demostrarlo a la tercera vez que nos acostemos juntos? Con lo complicado que es conocer a alguien que valga la pena ¿Porqué sólo nos aferramos a los buenos jugadores de poker? .Aquellos que nos dicen con los ojos que tienen una escalera real y a la hora de la verdad solo llevan una pareja de cincos.

Nunca sabremos lo que queremos... o nunca querremos lo que nos conviene, no sabría decirlo.

Tachando cosas...

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- Saltar en paracaidas. Done

 5 minutos que se pueden resumir en 1 palabra... ¡IMPRESIONANTES!. A pesar de los nervios anteriores, de que me pusieran el arnes en el último minuto y de que 4 kilomentros de altura son muchos kilometros. La experiencia es cojonuda. Ni mareos, ni nauseas, ni un nudo en la boca del estómago... y si no fuera porque el aire te golpea como nunca antes no serías consciente de estar cayendo a 200 km/h. Las vistas alucinantes, los 50 segundos de caida libre cojonudos y el descenso posterior en paracaidas genial. Sin duda no es comparable saltar en tandem que hacerlo solo, pero como experiencia no tiene precio. Y con el subidón de adrenalina que tienes al llegar al suelo serías capaz de levantar un coche jajajajja

 Si alguno tiene dudas de si probarlo, os lo recomiendo.

Prudencia...

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Mi amiga prudencia, junto a su amiga consciencia, siempre han sido las que han conseguido que no cometiera grandes estupideces a lo largo de mi vida. Así que a poco más de 10 horas para cometer la "estupidez" de saltar de un avión en marcha a 3.000 pies de altura ambas se presentan en mi casa e intentan convencerme de que la idea no parece la mas razonable del mundo. Y cuando les salgo con el argumento que no me veo plantando un arbol o escribiendo un libro me comentan si no podía haberme contentado con querer jugar al parchis y no tener que sentir de caer durante 1 minuto a mas de 200 km/h.

 Hace un rato se fueron, viendo que no habían conseguido nada. Pero me han dejado a su colega del alma, un tal nervios, para que me haga compañia en estas horas previas :P

 Mañana os cuento que tal la experiencia y si alguna de ellas tenía razón en sus argumentos.

Letras, Acordes, sonrisas...

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Buenos días prin.... sonrío. Y con la primera sonrisa robada de la mañana, cuando ni he sido capaz de escapar del abrazo de las sábanas empiezo el día. Doy dos vueltas en la cama porque con la tercera ya llego tarde y no me gusta hacer esperar a la rutina.

En pijama, ya que aún hace frío, selecciono la ropa y me pierdo en la ducha. Agua caliente, jabón y esponja recorren mi cuerpo, sonrío. Y durante quince minutos me aíslo en el calor del agua porque con el decimo sexto salto del minutero ya llego tarde y no me gusta hacer esperar a la rutina.

Recién secado me visto y me dirijo a la cocina. Café con leche, sonrío. Y me pierdo en mis pensamientos como mi vista se pierde en el patio durante veinte sorbos porque con el veintiunavo ya llego tarde y no me gusta hacer esperar a la rutina.

Me lavo los dientes, me peino (ó me despeino, según se mire) recojo mi chaqueta, mi libro y mis cascos y con las primeras notas de extremoduro, marea o la fuga doy el primer paso fuera de casa y recordando el sabor de los besos de ese día, sonrío. Y cojo un autobús y dos metros porque con dos autobuses y un metro ya llego tarde y no me gusta hacer esperar a la rutina.

Pulso el botón que abre la puerta del vagón, me apeo, subo las escaleras mecánicas y al cruzar las barreras de acceso del metro me quito los cascos, escucho con atención y con el primer acorde que llega a mis oídos de esa guitarra española, sonrío. Camino despacio, escucho atento y cuarenta y siete pulsaciones de corazón después subo las siguientes escaleras mecánicas y me pongo mis cascos, porque con cuarenta y ocho pulsaciones ya llegaría tarde y no me gusta hacer esperar a la rutina.

Camino deprisa, cruzo semáforos, observo a la gente ir a la facultad y llego al trabajo. Pico a la puerta y sonrío. Y lo hago porque me doy cuenta que sólo con la primera sonrisa robada entre mis sabanas estaba claro de iba a tener un buen día. Y dejo de contar la distancia que me separa de la rutina porque la cuarta palabra de mi primera sonrisa hizo desaparecer la rutina.

Y entre los momentos que puedo substraerle a mi trabajo planeo como ser yo el que robe la primera sonrisa de la mañana. Porque puede que otra persona tenga también un buen día sólo por empezar sonriendo. Y al imaginar que lo consigo sonrío.



Carcelero...

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De tanto en tanto me gustaría encontrarme prisionero... ¿Masoquismo? Puede, pero tengo que reconocer que no ando pensando en rejas metálicas ni muros de hormigón armado. A ese tipo de celdas puede optar cualquiera, sólo hace falta que no te importe compartir habitación, duchas y cometer algun que otro delito.

No, yo ando pensando en rejas de otro estilo... me encantaría quedar prisionero en las carcel que forman las palabras, que alguien un día le diera por intentar plasmarme en papel y encarcelar mi esencia entre las tapas de un libro. La vida eterna dicen que es una falacia, que no se puede vivir para siempre... bueno, la vida de un libro puede no ser eterna, pero puede ser suficientemente larga como para que no me importe.

Ser el protagonista de una historia, no necesáriamente la mía, y poder ser leido en la intimidad de un cuarto a pesar de los años pasados...

Por ahora, y mientras sigo en libertad, me conformo con ir haciendo prisioneros a los protagonistas de mi vida tras los barrotes de mis letras en esta mi prisión personal.

Próxima estación...

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Me apeo 10 minutos de mi ritmo de vida. De mi trabajo, mi proyecto final de carrera, mi familia, mi perra, mis amigos y de mi saco de sonrisas vía correo electrónico para releerme en este último año. Y para mi sorpresa me encuentro conmigo mismo, sentado igual que ahora delante del ordenador, con casi los mismos problemas, la misma familia y los mismos bancos involucrados en mi vida. Pero me leo, y me sorprendo porque a pesar de no haber cambiado casi nada, ha cambiado todo.

¿Pintaba distinto, no? Me preguntó ayer alguien que ha entrado en mi vida hace poco, pero que cada día que pasa aprecio más y admiró incluso más que aprecio. Y la verdad es que no, no pintaba especialmente distinto. La única diferencia real, es que en este último año las relaciones con mis amigos se han ido engrasando, y cogiendo ritmo. No tengo tiempo de auto lamentarme, sino de que aprovecho el tiempo todo lo que me dejan, disfruto de cada fin de semana, de cada día al despertar, de cada gesto amable y cada sonrisa que puedo robar. Y me preocupo de lo que tengo que solucionar sólo cuando debo. Estoy volviendo a encontrar mi vena payasa e intentando dejar de lado la parte ácida, crítica y borde que a veces se ha adueñado de mi durante los últimos años debido al stress acumulado.

Hay veces que basta con que una parte de tu vida funcione adecuadamente para que el resto empiece a funcionar mejor... y la llegada de un/a desconocid@ para que te des cuenta, al ir dejando que te conozca, que partes de tu carácter habías ido dejando olvidados.

Ummm, vaya, vuelve a arrancar el tren de las cosas que hacer... así que vuelvo a mis sonrisas matutinas vía correo electrónico, a mi pfc, a mi perra y mi familia. A ver si de paso me acerco a leeros un poco más a menudo que llevo una temporada sin hacer mis deberes hacia vosotros.